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Fachada y cúpula de la Basílica de San Pedro (detalle), ss.XVI-XVII. Ciudad del Vaticano.

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Fachada y cúpula de la Basílica de San Pedro (detalle), ss.XVI-XVII. Ciudad del Vaticano.

Evangelio de hoy

Jueves XXVIII del tiempo ordinario

En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: ‘Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán’, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. ¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido». Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca. [...] (Lc 11,47-54)

Santoral

San Ignacio de Antioquía

Obispo de Antioquia y discípulo de los apóstoles, quizá de San Juan. Son famosas sus cartas destinadas a diversas comunidades. Fue un buen pastor y fiel soldado de Cristo durante sus 40 años de obispo. Trajano mandó apresar a todos los que no adoraban a sus dioses. Ignacio fue llevado a Roma, a morir en los leones, pues negó a los dioses de Trajano. Fue llevado en barco, durante un largo y duro viaje en el que escribió sus famosas siete cartas, dirigidas a las Iglesias de Asia Menor. Que las pruebas de este viaje a Roma fueron grandes, lo leemos en su carta a los Romanos (par. 5): “Incluso desde Siria a Roma luché con bestias salvajes, por tierra y mar, de noche y de día, estando atado entre diez leopardos, y hasta con una compañía de soldados, que sólo se volvían peores cuando eran tratados amablemente”. En varios lugares a lo largo de su itinerario sus correligionarios cristianos le saludaron con palabras de consuelo y de homenaje reverente. Con los que se adelantaron a ir a la capital antes que él, envió una carta a los cristianos de Roma diciéndoles: "Por favor: no le vayan a pedir a Dios que las fieras no me hagan nada. [...]


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