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Fachada y cúpula de la Basílica de San Pedro (detalle), ss.XVI-XVII. Ciudad del Vaticano.

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Fachada y cúpula de la Basílica de San Pedro (detalle), ss.XVI-XVII. Ciudad del Vaticano.

Evangelio de hoy

Sábado XXVIII del tiempo ordinario

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. »Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir».

Comentario: Fr. Alexis MANIRAGABA (Ruhengeri, Ruanda)

«El que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él»

Hoy, el Señor despierta nuestra fe y esperanza en El. Jesús nos anticipa que tendremos que comparecer ante el ejército celestial para ser examinados. [...]
(Lc 12,8-12)

Santoral

San Pedro de Alcántara

Vivió entre 1499 y 1562. Natural de la ciudad de Alcántara, estudió en la Universidad de Salamanca, y al regresar a casa se hizo franciscano de la Estricta Observancia en Majaretes en 1515. Pocos años después, comenzó a predicar con gran éxito. Prefirió predicar a los pobres; y sus sermones, en gran parte basados en los profetas y los libros sapienciales, manifiestan la más tierna simpatía humana. Franciscano y reformador de su Orden; ayudó también a Santa Teresa en la Reforma Carmelitana. Se le reconocen varios milagros. Su vida fue de extrema austeridad. De él decía Santa Teresa, con su gracia habitual, que parecía hecho de raíces de árbol, por lo delgado que debía de ser. Viste el hábito franciscano con una capa que le llega a la rodilla. Se cuenta que iba siempre descalzo. Fue más predicados que escritor, aunque se conserva de él un Tratado de la Oración y la Contemplación. Lo más sorprendente de las gracias de este santo fue su don de contemplación y la virtud de penitencia. [...]


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