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Fachada y cúpula de la Basílica de San Pedro (detalle), ss.XVI-XVII. Ciudad del Vaticano.

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Fachada y cúpula de la Basílica de San Pedro (detalle), ss.XVI-XVII. Ciudad del Vaticano.

Evangelio de hoy

Miércoles XV del tiempo ordinario

En aquel tiempo, Jesús dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Comentario: P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP (San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)

«Has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños»

Hoy, el Evangelio nos ofrece la oportunidad de penetrar, por así decir, en la estructura de la misma divina sabiduría. ¿A quien entre nosotros no le apetece conocer desvelados los misterios de esta vida? Pero hay enigmas que ni el mejor equipo de investigadores del mundo nunca llegará siquiera a detectar. Sin embargo, hay Uno ante el cual «nada hay oculto (. [...]
(Mt 11,25-27)

Santoral

San Alejo

En el siglo V vivió en Edesa (Siria) un mendigo al que el pueblo veneraba como un santo. Una vez que murió, un anónimo escribió su biografía y se refirió a él como el "Hombre de Dios". Según la leyenda, Alejo era hijo de un senador romano, pero, para servir a Dios con humildad, se fue a Edesa disfrazado de mendigo. Decidió llevar esa vida por penitencia y mendigaba para vivir y para ayudar a otros. Cuando se descubrió que era hijo de una familia rica de Roma, Alejo regresó a casa de su padre donde vivió de incógnito como un criado. Ya moribundo, reveló a sus padres que era su hijo y los dos ancianos lo abrazaron llorando y lo ayudaron a bien morir.


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