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Fachada y cúpula de la Basílica de San Pedro (detalle), ss.XVI-XVII. Ciudad del Vaticano.

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Fachada y cúpula de la Basílica de San Pedro (detalle), ss.XVI-XVII. Ciudad del Vaticano.

Evangelio de hoy

Viernes XXVIII del tiempo ordinario

En aquel tiempo, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, Jesús se puso a decir primeramente a sus discípulos: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse. Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados. Os digo a vosotros, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos».

Comentario: Fr. Salomon BADATANA (Wau, Sudán del Sur)

«No temáis; valéis más que muchos pajarillos»

Hoy contemplamos a Nuestro Señor Jesucristo dirigiéndose a las gentes después de haberse confrontado con las autoridades religiosas judías, es decir, los fariseos y los escribas. [...]
(Lc 12,1-7)

Santoral

San Pedro de Alcántara

Vivió entre 1499 y 1562. Natural de la ciudad de Alcántara, estudió en la Universidad de Salamanca, y al regresar a casa se hizo franciscano de la Estricta Observancia en Majaretes en 1515. Pocos años después, comenzó a predicar con gran éxito. Prefirió predicar a los pobres; y sus sermones, en gran parte basados en los profetas y los libros sapienciales, manifiestan la más tierna simpatía humana. Franciscano y reformador de su Orden; ayudó también a Santa Teresa en la Reforma Carmelitana. Se le reconocen varios milagros. Su vida fue de extrema austeridad. De él decía Santa Teresa, con su gracia habitual, que parecía hecho de raíces de árbol, por lo delgado que debía de ser. Viste el hábito franciscano con una capa que le llega a la rodilla. Se cuenta que iba siempre descalzo. Fue más predicados que escritor, aunque se conserva de él un Tratado de la Oración y la Contemplación. Lo más sorprendente de las gracias de este santo fue su don de contemplación y la virtud de penitencia. [...]


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