Ser cristiano en la era neopagana[1]

Joseph Ratinger

(recopilación de textos)

Edición e Introducciones de José Luis Restán

© 1987-1994, Instituto Editoriale Internazionale, srl. (Roma)

© 1995 Ediciones Encuentro, Madrid

1.      «El Catecismo es una brecha en el muro de silencio de la indiferencia; la fe es nuevamente sal que hiere y cura, una llamada que empuja a tomar posición».

2.      «Dios es lo más práctico y urgente para el hombre»

3.      «Llevar una vida santa significa esto: vivir según la voluntad de Dios, aquí y ahora».

4.      «La necesidad de la catequesis deriva de la dimensión intelectual, que contiene el Evangelio»

5.      El fin de la catequesis: «conducir a la comunión con Jesucristo»

6.      «La Iglesia existe para hacernos ver a Cristo y oír el Evangelio»

7.      «Un cristianismo que se refugia al nivel de asociación privada y pierde su potente fuerza cultural y política, contradice la grandeza de su propio mensaje»

8.      Respuesta de Ratzinger ante las acusaciones de autoritarismo contra la Iglesia que depone a profesores, en instituciones docentes oficialmente católicas, que enseñan cosas contrarias a la fe cristiana

9.      Razones de la agresividad del fundamentalismo islámico contra occidente

10.  «La fe es obediencia. La obediencia significa que conocemos la imagen esencial de nuestro ser ‑la criaturalidad‑, con la cual llegamos a ser verdaderos. Significa que reconocemos la relación de responsabilidad como forma fundamental de nuestra vida»

11.  «La Iglesia no tiene que ser construida, sino más bien vivida»

12.  La moral católica en los últimos doscientos años se ha enfocado sobre todo en manuales para confesores, y quizá se ha descuidado un poco la doctrina de los valores positivos

13.  «Los testimonios son la primera condición para esta evangelización. Personas que, viviendo la fe en su vida cotidiana, demuestren que la fe da vida»

14.  Dos razones por las que se tiende a rechazar toda idea de un Dios cercano, corporal, presente en nuestra vida: (1) la idea de las leyes naturales como leyes matemáticas de un mundo material perfectamente definido y cerrado a la trascendencia. (2) Si Dios es algo más concreto que una simple realidad espiritual poco definida, podría suponer una toma de postura por mi parte.

15.  La santidad grande está en las cosas pequeñas de cada día hasta el final de la vida

16.  La certeza dada al hombre de vivir eternamente con Dios, pero también de que puede perderse eternamente, no debilita el compromiso terrenal, sino que le confiere su verdadero peso e importancia. Por este motivo, tenemos que hablar con gran confianza tanto de la vida eterna como de la resurrección de la carne.

17.  «El deseo de unidad, el trabajo por la unidad pertenece a la estructura del mismo acto de fe porque Cristo vino para reunir a los hijos de Dios que estaban separados»

 

«El Catecismo es una brecha en el muro de silencio de la indiferencia; la fe es nuevamente sal que hiere y cura, una llamada que empuja a tomar posición».

p. 68 La experiencia más negativa del cristianismo en nuestro siglo no es la de la oposición abierta contra él; que regímenes poderosos persigan con todos los medios a su disposición a una minoría de fieles indefensos, es una señal de la fuerza interior que éstos atribuyen a la fe que anima a este pequeño grupo. Preocupa, en cambio, la indiferencia hacia el cristianismo, que aparentemente ya no merece ninguna discusión; abiertamente se le considera como una antigualla, que se puede tranquilamente dejar marchitar o conservar en un museo. El Catecismo, por el contrario, fue y es un acontecimiento que, más allá de las discusiones intereclesiales, ha despertado la atención del mundo profano; una brecha en el muro de silencio de la indiferencia. La fe es nuevamente sal que hiere y cura; llamada que empuja a tomar posición.

["El Evangelio y el catecismo", título discurso que 30D publicó en febrero de 1994, y fue pronunciado por Ratzinger ante la Comisión Pontificia para América Latina.]

«Dios es lo más práctico y urgente para el hombre»

p. 71 Dios es lo más práctico y urgente para el hombre. Como discípulos de Cristo, tenemos que dar al mundo la realidad más urgente: la presencia de Dios. 

["El Evangelio y el catecismo", título discurso que 30D publicó en febrero de 1994, y fue pronunciado por Ratzinger ante la Comisión Pontificia para América Latina.]

 

«Llevar una vida santa significa esto: vivir según la voluntad de Dios, aquí y ahora».

p. 75 Llevar una vida santa significa esto: vivir según la voluntad de Dios, aquí y ahora».

["El Evangelio y el catecismo", título discurso que 30D publicó en febrero de 1994, y fue pronunciado por Ratzinger ante la Comisión Pontificia para América Latina.]

«La necesidad de la catequesis deriva de la dimensión intelectual, que contiene el Evangelio»

p. 77 la necesidad de la catequesis deriva de la dimensión intelectual, que contiene el Evangelio: el Evangelio interpela a la razón; esto responde al deseo profundo del ser humano de comprender el mundo, conocerse a sí mismo y aprender el modo justo para realizar su propia humanidad.

["El Evangelio y el catecismo", título discurso que 30D publicó en febrero de 1994, y fue pronunciado por Ratzinger ante la Comisión Pontificia para América Latina.]

 

El fin de la catequesis: «conducir a la comunión con Jesucristo»

p. 77 Catequizar es... descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios... El fin de la catequesis: "conducir a la comunión con Jesucristo: sólo El puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad"» (n. 426). «En la catequesis lo que se enseña es a Cristo... y todo lo demás en referencia a El; el único que enseña es Cristo, y cualquier otro lo hace en la medida en que es portavoz suyo, permitiendo que Cristo enseñe por su boca. Todo catequista debería poder aplicarse a sí mismo la misteriosa palabra de Jesús: "Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado" (Jn 7, 16)» (n. 427).

["El Evangelio y el catecismo", título discurso que 30D publicó en febrero de 1994, y fue pronunciado por Ratzinger ante la Comisión Pontificia para América Latina.]

 

«La Iglesia existe para hacernos ver a Cristo y oír el Evangelio»

p. 84 La Iglesia existe para hacernos ver a Cristo y oír el Evangelio.

["El Evangelio y el catecismo", título discurso que 30D publicó en febrero de 1994, y fue pronunciado por Ratzinger ante la Comisión Pontificia para América Latina.]

 

«Un cristianismo que se refugia al nivel de asociación privada y pierde su potente fuerza cultural y política, contradice la grandeza de su propio mensaje»

p. 98 Un cristianismo que se refugia al nivel de asociación privada y pierde su potente fuerza cultural y política contradice la grandeza de su propio mensaje.

[Entrevista a Ratzinger hecha por Lucio Brunelli, en Julio de 1987, publicada bajo el título "En el Boeing con el Prefecto de la fe"]

Respuesta de Ratzinger ante las acusaciones de autoritarismo contra la Iglesia que depone a profesores, en instituciones docentes oficialmente católicas, que enseñan cosas contrarias a la fe cristiana

p. 103 J. R. A menudo se oye hablar de los abusos de poder que habrían sido cometidos en la Iglesia. No niego tal posibilidad. Pero se habla poco de otro abuso de autoridad: el que comete el profesor cuando utiliza la posición que le ha confiado la Iglesia para enseñar a sus alumnos concepciones que son opuestas a las enseñanzas de la Iglesia. En una situación como ésta, es cierto que la Iglesia puede abusar de su poder, pero no en el sentido que normalmente se cree. Podrían abusar de su poder aquellas autoridades que permitiesen tranquilamente perpetuar estas situaciones, legitimando de este modo posiciones que la Iglesia no tiene derecho a sostener. El cuidado de la fe de los «pequeños», de quienes habla el Evangelio, se debe siempre anteponer al temor de cualquier conflicto con quien es poderoso.

[Entrevista a Ratzinger hecha por Lucio Brunelli, en Julio de 1987, publicada bajo el título "En el Boeing con el Prefecto de la fe"]

 

Razones de la agresividad del fundamentalismo islámico contra occidente

p. 105Comencemos por el fundamentalismo islámico. Una industrialización realizada con muchas prisas y demasiado segura de sí misma sometió, cada vez con mayor violencia, los profundos valores culturales y religiosos del mundo islámico a los modelos de civilización occidental liberal. Pero en el momento en que este proceso había permitió una cierta potencia económica propia y la aparición de unas nuevas élites intelectuales, tenía que llegar la reacción: la conciencia de la historia y de la propia cultura se levantaba contra la pretensión de exclusividad de la civilización técnica y liberal, cuyo cinismo respecto a la dignidad de Dios y del hombre, les suscita cólera y aversión. Estas reacciones se ponen en relación con el pasado combativo del Islam, con su disponibilidad a usar la fuerza al servicio de lo sagrado. En el contexto de la teoría y de la praxis moderna de la violencia, de cuño ácrata revolucionario, que en cierto sentido también representa un movimiento de protesta contra la civilización moderna, se producen nuevas y peligrosas formas de violencia, de motivación político-religiosa.

[Entrevista a Ratzinger hecha por Lucio Brunelli, en Julio de 1987, publicada bajo el título "En el Boeing con el Prefecto de la fe"]

 

«La fe es obediencia. La obediencia significa que conocemos la imagen esencial de nuestro ser ‑la criaturalidad‑, con la cual llegamos a ser verdaderos. Significa que reconocemos la relación de responsabilidad como forma fundamental de nuestra vida»

P. 107 La fe es obediencia. La obediencia significa que conocemos , la imagen esencial de nuestro ser ‑la criaturalidad‑, con la cual llegamos a ser verdaderos. Significa que reconocemos la relación de responsabilidad como forma fundamental de nuestra vida, y con ello la potencia de amenaza y peligro se convierte en esperanza. Esta obediencia concierne a Dios mismo. Por una parte, presupone una relación vigilante y viva con Dios, y por la otra, hace que esta relación sea posible, puesto que sólo quien obedece percibe a Dios. Pero, a fin de que nuestra obediencia sea concreta y no hagamos coincidir a Dios imprevistamente con las proyecciones de nuestros deseos, Dios mismo se ha hecho concreto de muchos modos. Sobre todo mediante su palabra. Y así la obediencia a Dios es una relación de obediencia a su palabra. Debemos acercarnos nuevamente a la Biblia con aquel espíritu de temor y de obediencia que en los últimos tiempos, y de muchos modos, corre el riesgo de perderse.

["El poder de los cristianos", de la homilía predicada en octubre de 1987 en la catedral de Dresde, al clero germano oriental].

 

«La Iglesia no tiene que ser construida, sino más bien vivida»

p. 118 En estos tiempos que corren el modelo esencial de comportamiento es el «poder hacer». Por eso estamos tentados de decir: «Arremanguémonos las mangas y construyamos la Iglesia». Pero la Iglesia no tiene que ser construida, sino más bien vivida.

[Entrevista hecha por Mandfred Schel en Julio de 1988, y publicada en la revista alemana Die Welt y en 30 Giorni conjuntamente]

La moral católica en los últimos doscientos años se ha enfocado sobre todo en manuales para confesores, y quizá se ha descuidado un poco la doctrina de los valores positivos

p. 124

Pregunta a Ratzinger (Mandfred Schell): ¿No se ha caracterizado la moral católica en los últimos doscientos años quizá más por el confesonario que por la doctrina de los valores positivos?

Respuesta de Ratzinger: Temo que deberé decirle que sí. Los elementos de la Teología moral han sido elaborados con frecuencia como instrucciones para confesores. Por este motivo, la Teología moral ha sido abordada muchas veces en un horizonte bastante restringido.

[Entrevista hecha por Mandfred Schel en Julio de 1988, y publicada en la revista alemana Die Welt y en 30 Giorni conjuntamente]

 

«Los testimonios son la primera condición para esta evangelización. Personas que, viviendo la fe en su vida, cotidiana demuestren que la fe da vida»

p. 141

Andrea Tornielli: Todos hablan hoy en la Iglesia de nueva evangelización, pero a veces parece tratarse sólo de una consigna. ¿Qué significa evangelizar? ¿Cómo puede acaecer aún el milagro de la fe para el hombre de hoy?

J. R. Creo que en realidad son los testimonios la primera condición para esta evangelización. Personas que, viviendo la fe en su vida cotidiana demuestren que la fe da vida, una vida verdaderamente humana en la comunión y en la comunidad. Sólo de esta manera puede hacerse comprensible el contenido del mensaje, y por ello necesitamos núcleos de cristianos que realicen esta verificación de la fe en la vida -tanto personal como comunitaria- y ofrezcan a todos una experiencia cuyas raíces sean dignas de conocer.

[Entrevista hecha Andrea Tornielli, y publicada en 30 Días, en noviembre de 1992]

 

Dos razones por las que se tiende a rechazar toda idea de un Dios cercano, corporal, presente en nuestra vida: (1) la idea de las leyes naturales como leyes matemáticas de un mundo material perfectamente definido y cerrado a la trascendencia. (2) Si Dios es algo más concreto que una simple realidad espiritual poco definida, podría suponer una toma de postura por mi parte.

p. 142

Andrea Tornielli: En la homilía pronunciada en la iglesia de San Francesco, en Bassano del Grappa, usted habló de la tendencia a poner en discusión algunos pilares básicos de la fe católica, como por ejemplo la resurrección corporal de Jesús. ¿No cree que hoy se tiende a cancelar la historicidad y la fisicidad del cristianismo?

 

J. R.: Hoy se tiende a reducir la fe cristiana y la religión en general a la esfera espiritual y a la subjetiva. No se acepta la objetividad de la actuación divina. Parece imposible que Dios pueda actuar incluso en el mundo material, en la realidad concreta de nuestra vida. Los motivos son sustancialmente dos. Uno, intelectual: la idea de las leyes naturales, del mundo material ya bien definido y cerrado, perfectamente comprendido y dominado por nosotros. Los cristianos no ofrecen una respuesta suficiente a esta exclusión de Dios del mundo material, por lo que a menudo aceptan este totalitarismo materialista. El otro motivo es más existencial: no se acepta que Dios entre tan vivo dentro de mi vida. Dios puede ser una idea espiritual, un complemento edificante de mi vida, pero es algo más bien indefinido en la esfera subjetiva. Pero si Dios es algo tan concreto como dicen estos pilares básicos de nuestra fe a los que se refería usted, entonces se trata de un desafío mucho más real y concreto para mi persona. Ambos motivos existen y hemos de hallar una respuesta, de lo contrario caemos en el relativismo y en el espiritualismo de las religiones; la fe pierde seriedad y deja de intervenir en la vida real del hombre.

 

Andrea Tornielli: Eminencia, soy consciente de que la pregunta, planteada a alguien que acaba de recibir un premio al mérito de la cultura católica, puede aparecer provocativa. En los setenta existía el riesgo de reducir la fe a la política, ¿no cree que el riesgo de hoy es. reducir la fe a la cultura, a elucubraciones para intelectuales ilustrados?

J. R. -Creo que tiene usted razón; su afirmación tiene que ver con lo que acabo de decir: reducción del cristianismo a espiritualismo, que puede adquirir dimensiones estéticas y entrar así en el juego de las culturas. Forma parte de cierto divertimento intelectual hablar de cosas trascendentes pero sin ese realismo que llega hasta lo concreto de nuestra vida. También Romano Guardini se opuso a esta tentación, ya presente en el período de entreguerras.

[Entrevista hecha Andrea Tornielli, y publicada en 30 Días, en noviembre de 1992]

 

La santidad grande está en las cosas pequeñas de cada día hasta el final de la vida

p.178

Puesto que en boca de Jesús la expresión «los pequeños» constituye un título de honor de sus discípulos, o sea de los cristianos, resulta evidente que el culto a los santos no es un culto a los héroes; que la santidad se realiza justamente en el milagro de la paciencia y la bondad diarias y que esta «pequeñez» es a los ojos de Dios la verdadera grandeza. A los elementos fundamentales de mi teología espiritual pertenece un pensamiento, que me conmueve mucho, de un escritor medieval. Ese habla de los prodigios obrados por Moisés ante el faraón, que al principio podían ser imitados por sus magos, hasta que Moisés realizó un prodigio imposible para los magos, y así se vieron obligados a confesar: aquí está el dedo de Dios. La pregunta que los teólogos medievales se planteaban, siempre era la siguiente: ¿qué signo es aquél reservado sólo a Dios y que excluye todo engaño del demonio? La respuesta de este mismo escritor suena así: todos los milagros pueden ser engaño del demonio, pero sólo el milagro de toda una vida junto a Dios no es engañador.

[Entrevista hecha por Marina Ricci en mayo de 1989]

 

La certeza dada al hombre de vivir eternamente con Dios, pero también de que puede perderse eternamente, no debilita el compromiso terrenal, sino que le confiere su verdadero peso e importancia. Por este motivo, tenemos que hablar con gran confianza tanto de la vida eterna como de la resurrección de la carne.

p.188

La segunda anotación es la siguiente: quien habla de Dios, habla de la vida eterna del hombre, porque no hay un Dios de muertos, sino de vivos (Mc 12, 27). También aquí tenemos que hacer examen de conciencia. Por miedo a que nos acusen de que al hablar de la vida eterna alejamos a los hombres de su compromiso con el mundo, nuestro anuncio ha sido a menudo demasiado tibio.

Pero el hombre, privado de la vida eterna, está gravemente mutilado. La certeza dada al hombre de vivir eternamente con Dios, pero también de que puede perderse eternamente, no debilita el compromiso terrenal, sino que le confiere su verdadero peso e importancia.

Por este motivo, tenemos que hablar con gran confianza tanto de la vida eterna como de la resurrección de la carne. Esta es nuestra alegría: el Señor ha ido «a prepararnos un aposento»; la casa del Padre, en efecto, «tiene muchos aposentos» (Jn 14, 2). El Señor mismo es nuestro aposento, El es nuestra casa. Esta es nuestra alegría, la alegría del evangelio, que nadie nos quita (Jn 16, 22). Esta es la alegría que debemos anunciar en la nueva evangelización.

[Discurso pronunciado en el Sínodo Extraordinario sobre Europa en enero de 1992]

 

«El deseo de unidad, el trabajo por la unidad pertenece a la estructura del mismo acto de fe porque Cristo vino para reunir a los hijos de Dios que estaban separados»

p. 193

El deseo de unidad, el trabajo por la unidad pertenece a la estructura del mismo acto de fe porque Cristo vino para reunir a los hijos de Dios que estaban separados.

[Del diálogo sobre el ecumenismo entre el profesor valdense Paolo Ricca y el Card. Ratzinger, el 29 de enero de 1993, en el Centro Evangélico de Cultura de Roma]



[1] La selección de los textos hecha por diego@vicalvaro.com